La Química de la vida en el plato
Centro educativo al que pertenece: I.E.S.O. Virgen de Altagracia.
Código del centro educativo: 6007776.
Proyecto CITE del centro: STEAM.
Nombre y apellidos del participante: Silva Ruiz, Antonia.
Título de actividad: La química de la vida en el plato.
Grupo: 3ºESO/1º Diversificación Curricular
Horas de trabajo activo del alumnado: 10 horas.
Horas de trabajo docente en la elaboración y preparación de la actividad: 5 horas.
Objetivo principal de la actividad: Esta actividad tiene como objetivos principales
Descripción detallada de la actividad: El alumnado de 3º ESO y Diversificación Curricular de nuestro centro participa en este proyecto del Taller de Ciencia Activa en el que se integra la química y la biología mediante el análisis de alimentos. El alumnado combina experimentos reales y virtuales para identificar biomoléculas (almidón, lípidos, proteínas) y estudiar propiedades químicas como el pH y los pigmentos mediante el uso de especias y vegetales.
Cómo se ha desarrollado y llevado a cabo la actividad con el alumnado: La actividad comienza en el laboratorio donde tiene lugar la detección de lípidos, para ello se extraen las grasa de diversos alimentos disolviendo la muestra en etanol. Al añadir agua al filtrado, se forma una emulsión blanquecina (efecto Tyndall) que confirma la presencia de grasas. Para poder comprobar la veracidad de la técnica se emplean alimentos con alto contenido en lípidos y otros que no los contienen.
La actividad continúa en el aula donde tiene lugar el análisis de los resultados obtenidos mediante la elaboración un informe de laboratorio.
La segunda parte de la actividad también se ha llevado a cabo en el laboratorio para detectar el almidón contenido en distintos alimentos. Para ello, se aplica directamente Lugol sobre dichos alimentos y poder observar como, en algunos de ellos, el cambio a un color azul-violeta intenso delata la presencia de este polisacárido.
Continuando con la actividad y manteniendo como objetivo el almidón, en esta ocasión, el alumnado estudia su termosensibilidad. De nuevo bajamos al laboratorio escolar donde procedemos a calentar una mezcla de almidón disuelto en agua y lugol, con ello podemos observar que el color violeta intenso desaparece porque las hélices de la amilosa se deforman. Posteriormente, al enfriarse, el color reaparece demostrando un cambio físico reversible.
Una vez que el alumnado ya ha trabajado en el laboratorio físico, llega el momento de introducir el uso de laboratorios virtuales como una ventaja competitiva y pedagógica en el ámbito escolar. No solo se trata de tecnología sino de una solución estratégica que resuelve problemas logísticos y mejora el aprendizaje profundo. El objetivo de esta actividad es la seguridad total y el riesgo cero ya que sustancias como el reactivo de Biuret o el Sudán III requieren manejo cuidadoso.
Esta práctica virtual ha consistido en la detección de proteínas mediante la prueba de Biuret (color violeta) sin riesgo químico y observando la reacción de los enlaces peptídicos, la detección de grasas mediante el empleo de reactivos virtuales como el Sudán III para teñir selectivamente las gotas de lípido en muestras digitalizadas y la detección de almidón que ha supuesto el refuerzo de la práctica física mediante microscopía virtual, observando los amiloplastos en células vegetales tras la tinción.
Una vez estudiadas y detectadas sustancias químicas y biomoléculas en los alimentos, volvemos al laboratorio donde en esta ocasión nos centraremos en los colores. La relación entre los alimentos y el color no es solo una cuestión de estética, es una ventana directa a la composición química de lo que comemos. El alumnado del Taller de Ciencia Activa ha podido comprobar esta conexión a través de prácticas de laboratorio que demuestran cómo los pigmentos naturales reaccionan ante estímulos físicos y químicos, revelando las propiedades ocultas de los ingredientes cotidianos.
Uno de los experimentos más reveladores y que hemos realizado en nuestro laboratorio es la extracción de pigmentos de las espinacas mediante cromatografía. Al machacar las hojas con alcohol hemos liberado un cóctel de moléculas responsables de la fotosíntesis. En un principio solo observamos el color verde pero más tarde, la separación en papel reveló una jerarquía de colores: el verde intenso de la clorofila A, el tono más claro de la clorofila B y los amarillos de las xantofilas.
Por otro lado, el color de los alimentos puede actuar como un sensor químico natural, especialmente sensible al nivel de acidez o alcalinidad (pH).
- La col lombarda es el ejemplo clásico de este fenómeno. Sus hojas contienen antocianinas, pigmentos que cambian de estructura según el medio en el que se encuentran. De nuevo en el laboratorio de nuestro centro obtuvimos extracto de col lombarda con alcohol el cual funciona como un indicador universal: se vuelve rojo intenso en contacto con ácidos como el limón, permanece morado en medios neutros y vira hacia el azul o verde en presencia de bases como el bicarbonato de sodio.
- Por su parte, la cúrcuma ofrece una variante fascinante de sensibilidad química. Su color amarillo vibrante se debe a la curcumina, la cual mantiene su tono en ambientes ácidos o neutros. Sin embargo, al entrar en contacto con una sustancia básica, ocurre una reacción química que transforma el amarillo en un rojo rojizo profundo. En esta práctica de laboratorio el alumnado ha podido demostrar que el color de los alimentos no es estático; es una propiedad dinámica que nos informa sobre la frescura, el procesamiento y la naturaleza química de los nutrientes que consumimos a diario.
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